Apolodoro

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Heracles (llamado Hércules entre los latinos) es un per­sonaje de la mitología griega conocido por su extraordi­naria fuerza, y sobre cuyos orígenes existen diferentes tra­diciones. Según la versión más extendida del mito (reco­gida en las tradiciones tebanas), Heracles era hijo de Zeus y de Alcmena, poseída por el dios bajo la apariencia de su marido Anfitrión, y fue educado en Tebas en todas las disciplinas por un especialista mítico: por Eurito en el tiro con arco, por Autólico en la lucha, en las armas por Castor. El episodio en el que Heracles mata a Lino, su preceptor de escritura y música, permite vislumbrar el aspecto salvaje inherente a su naturaleza y como este héroe representa al hombre desgarrado entre la virtud y el vicio. Enviado a Ci­terone a cuidar rebaños como castigo, a los 18 años dio prueba de su fuerza matando un león que aterrorizaba el país gobernado por Tespio, padre de 50 hijas, con las que yació Heracles, engendrando un hijo de cada una.

En recompensa a la guerra ganada, Heracles obtuvo en matrimonio a Megara, hija de Creonte rey de Tebas, de la que tuvo tres hijos (o más según otras versiones). Cuando Euristeo rey de Tirinto (o Micenas) lo llamó a su servicio, Heracles mató a sus propios hijos en un acceso de ira pro­vocado por la diosa Hera, celosa esposa de Zeus.

Los doce trabajos, cumplidos durante doce años por Heracles al servicio de Euristeo, le fueron impuestos por el oráculo de Delfos como expiación por el asesinato de sus propios hijos y para obtener la inmortalidad. Los trabajos representan las pruebas del alma que poco a poco se libera de los vicios, vence al destino y conquista la eternidad con la fuerza de la virtud. Por tanto, Heracles es un símbolo de la fuerza viril que se actualiza en una vía de purificación para dominar los vicios y hacer triunfar la virtud[1].

Por esta razón presentamos la famosa historia de Apolo­doro sobre los doce trabajos de Hércules.

 

Los trabajos de Heracles

 

1. El león de Nemea.

Al oír aquello, Heracles marchó a Tirinto y cumplió lo mandado por Euristeo. Éste primero le ordenó traer la piel del león de Nemea, animal invulnerable nacido de Tifón[2]. Yendo en busca del león, llegó a Cleonas y se hospedó en casa de un jornalero llamado Molorco; cuando éste se disponía a inmolar una víctima Heracles le pidió que aguardara treinta días y, si regresaba indemne de la cace­ría, ofreciera el sacrificio a Zeus Soter[3] mientras que si moría se lo dedicara a él como héroe[4]. Una vez en Nemea y habiendo rastreado al león, primero le disparó sus flechas, pero al darse cuenta de que era invulnerable, lo persiguió con la maza enarbolada; cuando el león se hubo refugiado en una cueva de dos bocas, obstruyó una, entró por la otra en pos del animal, y rodeándole el cuello con el brazo lo mantuvo apretado hasta que lo estranguló; luego lo cargó sobre sus hombros hasta Cleonas. Encontró a Molorco en el último de los treinta días dispuesto a ofren­darle una víctima por creerlo muerto, y entonces dedicó el sacrificio a Zeus Soter y llevó el león a Micenas. Euristeo, receloso de su vigor, le ordenó que en lo sucesivo no entra­ra en la ciudad sino que expusiera la presa ante las puertas. Dicen que por temor a Heracles había aprestado bajo tierra una tinaja de bronce para esconderse[5], y le señalaba los trabajos por medio del mensajero Copreo, hijo de Pélope el eleo. Este Copreo había matado a Ífito y huido a Micenas, donde habitaba después de purificado por Euristeo.

 

2. La Hidra de Lerna.

Como segundo trabajo le ordenó matar a la Hidra de Lerna[6]. Ésta, criada en el pantano de Lerna, irrumpía en el llano y destruía el campo y los ganados. La Hidra tenía un cuerpo enorme, con nueve cabezas, ocho mortales y la del centro inmortal[7]. Heracles, montado en un carro que guia­ba Yolao, llegó a Lerna y refrenó los caballos; al descubrir la Hidra en una colina, junto a la fuente de Amimone donde tenía su madriguera, la obligó a salir arrojándole flechas encendidas, y una vez fuera la apresó y dominó, aunque ella se mantuvo enroscada en una de sus piernas. De nada servía golpear las cabezas con la maza, pues cuando aplastaba una surgían dos. Un enorme cangrejo favorecía a la Hidra mordiendo el pie de Heracles[8]. Él lo mató y luego pidió ayuda a Yolao, quien, después de in­cendiar parte de un bosque cercano, con los tizones quemó los cuellos de las cabezas e impidió que resurgieran. Evitada así su proliferación cortó la cabeza inmortal, la enterró y le puso encima una pesada roca, cerca del camino que a través de Lerna conduce a Eleúnte. Abrió el cuerpo de la Hidra y sumergió las flechas en su bilis[9]. Pero Euristeo dijo que este trabajo no sería contado entre los diez porque no había vencido a la Hidra Heracles solo sino con ayuda de Yolao.

 

3. La cierva cerinitia.

Como tercer trabajo le ordenó traer viva a Micenas a la cierva cerinitia[10]. Tenía cuernos de oro y estaba en Énoe consagrada a Artemis; por eso Heracles no quería ni matarla ni herirla, y la persiguió un año entero. Cuando la cierva fatigada por el acoso huyó al monte llamado Arte­misio, y desde allí al río Ladón, al ir a cruzarlo, Heracles, flechándola, se apoderó de ella y la transportó sobre sus hombros a través de Arcadia. Pero Artemis, acompañada por Apolo, se encontró con él, quiso arrebatársela y le re­prochó haber atentado contra un animal consagrado a ella[11]. Heracles, alegando su obligación e inculpando a Euristeo, aplacó la cólera de la diosa y llevó el animal vivo a Micenas.

 

4. El jabalí erimantio.

Lucha con los centauros y muerte de Quirón.

Como cuarto trabajo le mandó traer vivo el jabalí eri­mantio; este animal devastaba Psófide, bajando del monte que llamaban Erimanto[12]. Heracles, al atravesar Fóloe, se hospedó en casa del centauro Folo, hijo de Sileno y de una ninfa melia[13]. Éste ofreció a su huésped carne asada, mien­tras que él la comía cruda. Cuando Heracles pidió vino, le dijo que temía abrir la tinaja común de los centauros; pero Heracles, animándolo, la abrió y no mucho después, atraí­dos por el olor, acudieron a la cueva de Folo los centauros armados con rocas y abetos. A los primeros que osaron en­trar, Anquio y Agrio, Heracles los rechazó con tizones, y a los restantes los persiguió a flechazos hasta Malea. Allí se refugiaron junto a Quirón; que expulsado del monte Pelión por los lápitas se había establecido cerca de Malea. Al agruparse en torno suyo los centauros, Heracles arrojó una flecha que después de atravesar el brazo de Élato se clavó en la rodilla de Quirón; Heracles, afligido, corrió hacia él, extrajo la flecha y le aplicó un remedio entregado por el mismo Quirón. Éste, como la herida era incurable, se retiró a la cueva deseoso de morir allí, pero por su condición de inmortal no lo consiguió hasta que Prometeo se ofreció a Zeus para ser inmortal en su lugar. Los otros centauros huyeron a sitios diferentes, unos al monte Malea, Euritión a Fóloe, Neso al río Eveno. Posidón acogió a los demás en Eleusis y los ocultó en un monte. Folo arrancó la flecha de un cadáver y se maravillaba de que algo tan pequeño pu­diera dar muerte a seres tan grandes; entonces la flecha resbaló de su mano y al hincársele en un pie lo mató en el acto. Heracles, de regreso a Fóloe, encontró a Folo muerto y después de enterrarlo marchó a cazar el jabalí; cuando con sus gritos lo hubo ahuyentado de un matorral, lo hizo adentrarse, ya exhausto, en un lugar de nieve espesa, y en­lazado lo condujo a Micenas.

 

5. El establo de Augías.

Como quinto trabajo Euristeo le ordenó sacar en un día el estiércol del ganado de Augías[14]. Éste era rey de Élide, hijo de Helios según unos, según otros de Posidón, y según otros aún de Forbante, y poseía muchos rebaños de gana­do. Heracles se presentó a él y sin revelarle la orden de Euristeo le dijo que sacaría el estiércol en un solo día a cambio de la décima parte del ganado. Augías, aunque in­crédulo, aceptó el trato; Heracles, puesto por testigo Fileo, el hijo de Augías, abrió una brecha en los cimientos del establo y desviando el curso del Alfeo y el Peneo, que dis­currían cercanos, los encauzó hacia allí e hizo otra abertura como desagüe. Al enterarse Augías de que esto se había realizado por orden de Euristeo, no quiso pagar lo estipu­lado, y además negó haberlo prometido, y se manifestó dispuesto a comparecer en juicio por ello. Cuando los jue­ces ocuparon sus asientos, Fileo, citado por Heracles, testi­ficó contra su padre, afirmando que éste había accedido a recompensarlo. Augías, colérico, antes de que se emitiera el fallo desterró de Élide a Fileo y a Heracles. Fileo se diri­gió a Duliquio y allí habitó[15]; Heracles se presentó en Ole­no ante Dexámeno, cuando éste se veía forzado a entregar en matrimonio su hija Mnesímaca al centauro Euritión; al requerir su ayuda Dexámeno, mató a Euritión, que ya iba en busca de su prometida[16]. Euristeo tampoco aceptó el traba­jo entre los diez, alegando que se había hecho por salario.

 

6. Las aves estinfálidas.

Como sexto trabajo le encargó ahuyentar las aves estin­fálidas[17]. En la ciudad de Estínfalo, en Arcadia, había un lago llamado Estinfalide, oculto por abundante vegetación, donde se habían refugiado innumerables aves, temerosas de ser presa de los lobos. Heracles no sabía cómo hacerlas salir de la espesura, pero Atenea le proporcionó unos cró­talos de bronce, dádiva de Hefesto, y él entonces, hacién­dolos sonar en una montaña próxima al lago, espantó a las aves, que incapaces de soportar el ruido alzaron el vuelo atemorizadas y de esta manera Heracles las flechó.

 

7. El toro de Creta.

Como séptimo trabajo le impuso traer el toro de Creta[18]. Según Acusilao éste había transportado a Europa para Zeus. Según otros, Posidón lo había hecho surgir del mar cuando Minos prometió ofrendarle lo que saliera del mar: se dice que, admirado de la belleza del toro, lo envió a la manada y en su lugar sacrificó otro a Posidón, por lo cual el dios encolerizado hizo salvaje al toro. Heracles marchó a Creta en su busca, y al pedir ayuda a Minos éste le contestó que luchara por apresarlo; una vez capturado el toro, Heracles lo llevó a Euristeo, quien al verlo lo dejó en libertad. El toro anduvo errante por Esparta y toda la Arcadia, y atra­vesando el Istmo llegó a Maratón, en el Ática, donde dañaba a los habitantes[19].

 

8. Las yeguas de Diomedes.

Como octavo trabajo le ordenó llevar a Micenas las yeguas de Diomedes el tracio. Éste, hijo de Ares y Cirene, era rey de los bístones, pueblo tracio muy belicoso, y po­seía yeguas antropófagas. Heracles zarpó con algunos vo­luntarios y, dominando a los guardianes de los pesebres, condujo a las yeguas en dirección al mar. Cuando los bístones acudieron armados a rescatar las yeguas, él las encomendó a la custodia de Abdero, hijo de Hermes, oriun­do de Opunte, en Lócride, y favorito de Heracles; pero las yeguas lo mataron arrastrándolo. Heracles en combate con los bístones dio muerte a Diomedes y obligó a huir a los restantes[20]; fundó la ciudad de Abdera junto al sepulcro del desaparecido Abdero, y reuniendo las yeguas las entregó a Euristeo. Éste las soltó y las yeguas se dirigieron al monte Olimpo donde acabaron devoradas por las fieras.

 

9. El cinturón de Hipólita. Los hijos de Androgeo.

Rescate de Hesíone. Sarpedón. Hijos de Proteo.

Como noveno trabajo ordenó a Heracles conseguir el cinturón de Hipólita[21]. Ésta era la reina de las amazonas, que habitaban cerca del río Termodonte, pueblo sobresa­liente en la guerra, pues practicaban las costumbres viriles; y cada vez que, a causa de relaciones sexuales, tenían hi­jos, criaban sólo a las hembras y les comprimían el pecho derecho para que no les estorbara al lanzar la jabalina, mientras que les dejaban el izquierdo para amamantar. Hipólita ostentaba el cinturón de Ares, símbolo de su soberanía. Heracles fue enviado a buscar este cinturón por­que Admete, hija de Euristeo, deseaba poseerlo. Acompa­ñado por voluntarios se hizo a la mar con una sola nave y arribó a la isla de Paros, entonces habitada por los hijos de Minos, Eurimedonte, Crises, Nefalión y Filolao. Pero su­cedió que al desembarcar dos de los tripulantes murieron a manos de los hijos de Minos; indignado por ello, Heracles al punto los mató, y a los demás los sitió hasta que envia­ron mensajeros para pedirle que eligiera a dos en lugar de los asesinados. Él levantó el cerco, y embarcando a Alceo y Esténelo, hijos de Androgeo, hijo de Minos, arribó a Misia y fue ante Lico, hijo de Dascilo, que le dio hospe­daje. Heracles, ayudando a Lico en su lucha contra el rey de los bébrices, mató a muchos y entre otros al rey Mig­dón, hermano de Amico; conquistó gran parte del territorio de los bébrices y se lo entregó a Lico, quien lo denominó Heraclea.

Llegado al puerto de Temiscira, se presentó ante él Hipó­lita, le preguntó por qué había ido y le prometió entregarle el cinturón; pero Hera, bajo la apariencia de una de las amazonas, iba y venía entre la multitud diciendo que los extranjeros recién llegados habían raptado a su reina; así ellas cabalgaron con las armas hacia la nave. Cuando He­racles las vio armadas, creyendo que se trataba de un enga­ño, mató a Hipólita y la despojó del cinturón[22] después de pelear con las restantes se hizo a la mar y arribó a Troya.

Por entonces la ciudad padecía infortunios por la cólera de Apolo y Posidón. Pues éstos, deseando probar la sober­bia de Laomedonte, adoptaron forma humana y le propu­sieron fortificar Pérgamo a cambio de un salario; pero una vez que la hubieron fortificado, aquél se negó a pagarles[23]. Por eso Apolo envió una peste y Posidón un monstruo marino que, elevado por una marea, arrebataba a los hom­bres de la planicie. Cuando los oráculos vaticinaron que cesarían las desgracias si Laomedonte ofrecía a su hija Hesíone como alimento del monstruo, él la ató a unas ro­cas del litoral[24]. Heracles, al verla allí expuesta, prometió salvarla a cambio de las yeguas que Zeus había dado en compensación por el rapto de Ganimedes[25]. Laomedonte accedió a entregarlas y Heracles, matando al monstruo, liberó a Hesíone; pero como Laomedonte rehusara cumplir lo acordado, Heracles lo amenazó con guerrear contra Troya y se hizo a la mar[26].

Arribó a Eno, donde fue hospedado por Poltis. Al embar­carse en la orilla eniense mató con una flecha a Sarpedón, insolente hijo de Posidón y hermano de Poltis. Después de llegar a Tasos y someter a los habitantes tracios, cedió la isla a los hijos de Androgeo para que la poblasen. Desde Tasos se dirigió a Torone y allí mató a Polígono y Telé­gono, hijos de Proteo, hijo de Posidón, que lo habían desafiado a luchar. Luego llevó el cinturón a Micenas y se lo entregó a Euristeo.

 

10. Las vacas de Gerión.

Como décimo trabajo le encargó traer de Eritía las vacas de Gerión[27]. Eritía, ahora llamada Gadir, era una isla situa­da cerca del Océano; la habitaba Gerión, hijo de Crisaor y de la oceánide Calírroe; tenía el cuerpo de tres hombres, fundidos en el vientre, y se escindía en tres desde las ca­deras y los muslos. Poseía unas vacas rojas, cuyo vaquero era Euritión, y su guardián Orto, el perro de dos cabezas nacido de Tifón y Equidna[28]. Yendo, pues, en busca de las vacas de Gerión a través de Europa, después de matar mu­chos animales salvajes, entró en Libia y, una vez en Tarte­sos, erigió como testimonio de su viaje dos columnas en­frentadas en los límites de Europa y Libia[29]. Abrasado por Helios en el trayecto tendió el arco contra el dios, y éste, admirado de su audacia, le proporcionó una vasija de oro en la que cruzó el océano[30]. Ya en Eritía, pasó la noche en el monte Abas; el perro, al darse cuenta, lo atacó, pero él lo golpeó con la maza y mató al vaquero Euritión, que había acudido en ayuda del perro. Menetes, que apacenta­ba allí las vacas de Hades, comunicó lo sucedido a Gerión, quien alcanzó a Heracles cerca del río Antemunte cuando se llevaba las vacas, y, trabado combate, murió de un fle­chazo. Heracles embarcó el ganado en la copa, y habiendo navegado hasta Tartesos, se la devolvió a Helios.

Tras pasar por Abdera[31] llegó a Liguria, donde Yalebión y Dercino, hijos de Posidón, intentaron robarle las vacas, pero los mató[32] y siguió a través de Tirrenia[33][34]. En Regio, un toro descarriado se arrojó de repente al mar, y nadó hasta Sicilia después de atravesar la región llamada por él Italia (pues los tirrenios llaman italus al toro), llegando al territorio de Érix, rey de los élimos. Érix, hijo de Posidón, incorporó el toro a su propia manada. Entonces Heracles encomendó las vacas a Hefesto y se apresuró a ir en busca del toro. Cuando lo encontró en la vacada de Érix, éste dijo que no se lo devolvería a menos que lo venciese en la lucha; Heracles, después de abatirlo tres veces, lo mató y recobrando el toro lo condujo con el resto al mar Jónico[35]. Al llegar a las zonas de ensenadas, Hera envió un tábano contra las vacas, que así se dispersaron por las faldas de las montañas de Tracia. Heracles las persiguió y reuniendo algunas las trasladó al Helesponto; las que quedaron allí se hicieron salvajes. Por la dificultad de recuperarlas culpó al río Estrimón, antes navegable, y llenándolo de piedras lo hizo impracticable. Llevó las vacas a Micenas y las entre­gó a Euristeo, quien las sacrificó a Hera.

 

11. Las manzanas de las Hespérides.

Cumplidos los trabajos en ocho años y un mes, al no aceptar Euristeo ni el del ganado de Augías ni el de la Hidra, como undécimo trabajo le ordenó hacerse con las manzanas de oro de las Hespérides[36]. Estas manzanas no estaban en Libia como han dicho algunos, sino en el Atlas, entre los Hiperbóreos. Gea se las había regalado a Zeus cuando se desposó con Hera. Las guardaba un dragón in­mortal, hijo de Tifón y Equidna, que tenía cien cabezas y emitía muchas y diversas voces. Con él vigilaban también las Hespérides, Egle, Eritía, Hesperia y Aretusa. Heracles en su viaje llegó al río Equedoro. Cicno, hijo de Ares y Pirene, lo desafió a un combate singular. Ares defendía a Cicno y dirigía la pelea, cuando un rayo arrojado en medio de ambos hizo cesar el combate[37] Heracles a través de Iliria se dirigió apresuradamente al río Erídano y llegó ante las ninfas, hijas de Zeus y Temis[38]. Éstas lo encaminaron a Nereo, a quien Heracles apresó mientras dormía y, aunque el dios adoptó toda clase de formas, lo ató y no lo soltó hasta que supo por él dónde se encontraban las Hespérides y sus manzanas. Una vez informado atravesó Libia. Reinaba allí Anteo, hijo de Posidón, que daba muerte a los extranje­ros obligándolos a luchar. Forzado a pelear con él, Hera­cles lo mató con su abrazo mientras lo mantenía en vilo, pues si tocaba la tierra se vigorizaba, y por ello algunos dijeron que era hijo de Gea[39].

Después de Libia cruzó Egipto, donde reinaba Busiris, hijo de Posidón y Lisianasa, hija de Épafo. Busiris solía inmolar extranjeros en el ara de Zeus en cumplimiento de cierto oráculo: desde hacía nueve años la escasez afligía a Egipto, y Frasio, un adivino llegado de Chipre, había dicho que cesaría la esterilidad si cada año se sacrificaba un extranjero a Zeus. Busiris empezó por degollar al adivino y continuó con los extranjeros que llegaban. También Hera­cles fue apresado y llevado al altar, pero rompiendo las ligaduras dio muerte a Busiris y a su hijo Anfidamante[40].

A través de Asia llegó a Termidras, puerto de los lindios, y después de desuncir uno de los bueyes del carro de un boyero lo sacrificó y se dio un festín. El boyero, incapaz de defenderse, desde una montaña lo maldijo; por eso tam­bién hoy, cuando se ofrecen sacrificios a Heracles, se ha­cen acompañados de imprecaciones.

A su paso por Arabia mató a Ematión, hijo de Titono[41]. Y al llegar, por tierras de Libia, al mar exterior, recibió la copa de Helios; habiendo cruzado al continente opuesto flechó en el Cáucaso al águila, nacida de Equidna y Tifón, que devoraba el hígado de Prometeo[42]. Liberó a éste esco­giendo como vínculo el olivo, y presentó ante Zeus a Qui­rón que, aunque inmortal, estaba dispuesto a morir en su lugar[43].

Prometeo había advertido a Heracles que no fuera él mismo a buscar las manzanas, sino que enviase a Atlante, y que sostuviera entretanto la bóveda celeste; así, cuando llegó al país de los Hiperbóreos ante Atlante, lo reemplazó, según el consejo recibido.

Atlante, después de coger de las Hespérides tres manza­nas, regresó junto a Heracles. Y para no cargar de nuevo con el cielo dijo que él mismo llevaría las manzanas a Euristeo, y ordenó a Heracles que sostuviera la bóveda ce­leste en su lugar. Heracles accedió, pero con astucia consi­guió devolvérsela a Atlante. Aconsejado por Prometeo lo invitó a soportarla mientras él se colocaba una almohadilla en la cabeza. Al oír esto, Atlante dejó las manzanas en el suelo y sostuvo la bóveda; entonces Heracles recogió las manzanas y se marchó. Algunos dicen que no las consi­guió por mediación de Atlante sino que las cogió él mismo después de matar a la serpiente que las custodiaba[44]. Obte­nidas las manzanas, las entregó a Euristeo. Éste, tomándo­las, las regaló a Heracles, de quien las recibió Atenea, que las devolvió, pues era impío que estuviesen en cualquier otro lugar.

 

12. Heracles saca a Cerbero del Hades.

Como duodécimo trabajo se le ordenó traer del Hades a Cerbero[45]. Éste tenía tres cabezas de perro, cola de dragón y en el dorso cabezas de toda clase de serpientes. Antes de ir en su busca Heracles se presentó ante Eumolpo, en Eleusis, con el deseo de ser iniciado[46]. Entonces a los extranjeros no se les permitía la iniciación, pero al ser adoptado por Pilio la consiguió. No pudiendo contemplar los misterios por no haber expiado la matanza de los centauros, fue purificado por Eumolpo y después iniciado. Al llegar a Ténaro en Laconia, donde estaba la entrada del Hades, bajó por ella. Las almas, al verlo, huyeron, excepto la de Meleagro y la de la Górgona Medusa[47]. A ésta la atacó Heracles como si estuviera viva, pero Hermes le hizo saber que se trataba sólo de una sombra vana. Cerca ya de las puertas del Hades encontró a Teseo, y a Pirítoo -quien había pretendido en matrimonio a Perséfone y por ello fue encadenado[48]. Cuando éstos vieron a Heracles, extendieron las manos como si la fuerza de éste pudiera rescatarlos. Heracles, asiendo a Teseo de la mano, lo levantó, pero al querer alzar a Pirítoo la tierra tembló y tuvo que soltarlo. También hizo rodar la piedra de Ascálafo[49]. Para propor­cionar sangre a las almas mató a una de las vacas de Hades, por lo que el pastor que las apacentaba, Menetes, hijo de Ceutónimo, lo desafió a luchar. Heracles, cogién­dolo por la cintura, le rompió las costillas, pero a instan­cias de Perséfone lo dejó. Cuando Heracles pidió el Cer­bero a Plutón, éste le concedió llevárselo si lo dominaba sin hacer uso de las armas que portaba. Heracles, cubierto con la coraza y con la piel de león, lo encontró a las puertas del Aqueronte, rodeó con sus brazos la cabeza de la bestia, y aunque lo mordió la serpiente de la cola, no lo soltó, oprimiéndolo y ahogándolo, hasta que se hubo rendido[50]. Tras la captura subió de regreso por Trezén[51]. Deméter transformó a Ascálafo en búho[52], y Heracles, una vez mostrado el Cerbero a Euristeo, lo volvió al Hades.

 

 

[1] Vía de purificación como la masónica, donde Hércules preside en el sitial del primer vigilante y donde “Por otra parte, se dice que, “en la Logia de San Juan, se elevan templos a la virtud y se excavan calabozos para el vicio”; estas dos ideas de “elevar” y de “excavar” se relacionan a las dos “dimensiones” verticales, altura y profundidad, que se cuentan se­gún las dos mitades de un mismo eje que va “del Cenit al Nadir”, tomadas en sentido inverso la una de la otra; estas dos direcciones opuestas corres­ponden respectivamente a sattwa y a tamas (la expansión de las dos “dimensiones” horizontales corresponden a rajas), es decir, a las dos ten­dencias del ser hacia los Cielos (el templo) y hacia los Infiernos (el ca­labozo), tendencias que aquí están “alegorizadas”, antes que simboli­zadas propiamente hablando, por las nociones de “virtud” y de “vicio” exactamente como en el mito de Hércules que hemos recordado más arriba” (R. Guénon, Symboles fondamentaux de la Science sacrée, Galli­mard, Paris, 1962, cap. XXXVII: Le symbolisme solsticial de Janus).

[2] El león de Nemea había nacido de Orto y Equidna, y había sido criado por Hera según Hesíodo, Teog. 326 ss. Cf. también Sófocles, Traq. 1091 ss.; Diodoro, IV 11, 3-4.

[3] “Salvador”.

[4] En griego hay dos verbos distintos para expresar si el sacrificio se hace en honor de un dios (thyein), o si se hace en honor de un héroe (enagidsein).

[5] Cf. Diodoro, IV 12, 1.

[6] Hija de Tifón y Equidna según Hesíodo, Teog. 313 ss., también ali­mentada por Hera.

[7] La Hidra tiene cien cabezas según Ovidio, Met. IX 71; en cambio, Pausanias, II 37, 4, dice que una sola.

[8] A cambio de la ayuda que prestó a la Hidra, el cangrejo fue ca­tasterizado por Hera en la constelación de Cáncer. Cf. Eratóstenes, Catast. 11; Higino, Astr. II 23.

[9] En lo sucesivo las flechas de Heracles, envenenadas por la bilis de la Hidra, producirán heridas mortales a los hombres e incurables a los dioses.

[10] Cf. Píndaro Olímp. III 28 ss.; Eurípides, Heracles 375 ss.; Diodoro, IV 13, 1. Su nombre deriva del río Cerinites, en Acaya.

[11] Esta cierva había sido consagrada a Ártemis por Taigete, hija de Atlante; cf. Píndaro, Olimp. III 29-30.

[12] Cf. Sófocles, Traq. 1097; Higino, Fáb. 30; Diodoro, IV 12. Refiere Pausanias, VIII 24, 5, que los habitantes de Cumas poseían los colmi­llos del jabalí guardados en un templo de Apolo.

[13] Ninfa de los fresnos. Las ninfas melias nacieron de las gotas de san­gre de Urano cuando fue mutilado por Crono. Cf. Hesíodo, Teog. 187.

[14] Pausanias, V 1, 9-10.

[15] Cf. Ilíada, II 625 ss.

[16] Cf. Pausanias, VII 18, I; Higino, Fáb. 33; Diodoro IV, 33, 1.

[17] Cf. Apolonio de Rodas, II 1052 ss.; Diodoro, IV 13, 2; Pausanias, VIII 22, 4.

[18] Cf. Pausanias, I, 27, 9-10; V 10, 9; Diodoro IV, 13, 4; Higino Fáb. 30.

[19] Más tarde lo matará Teseo; cf. Epítome I, 5-6.

[20] Según Diodoro IV, 15, 3-4, Heracles dejó que las yeguas devoraran a Diomedes. Higino, Fáb. 30, habla de caballos, no de yeguas.

[21] Cf. Apolonio de Rodas, II 777 ss.; y 966 ss.; Diodoro, IV 16; Pau­sanias, V 10, 9; Higino, Fáb. 30; Eurípides, Heracles 408 ss.

[22] Según Apolonio de Rodas, II 968, Heracles se apoderó de Melanipe y a cambio de ella Hipólita le entregó el cinturón.

[23] El servicio de estos dioses a Laomedonte, que duró un año, está relatado en Ilíada VII 452-3 y XXI 441-457, aunque sin explicar el motivo, que según los escolios a Il. XXI 444 y a Licofrón 34, fue haber conspirado contra Zeus. Posidón construyó las murallas de la ciudad mientras que Apolo se ocupó de los rebaños. Laomedonte, además de negarse a pagarles lo estipulado, amenazó a Apolo con venderlo como esclavo y a los dos con cortarles las orejas. Esta defrau­dación de Laomedonte a los dioses está narrada también en Virgilio Geórg. I 502; Horacio, Odas III 21-2; Ovidio, Met. XI 205 ss. Refiere Píndaro, Olimp. VIII 30-47, que Éaco ayudó a los dioses para que se cumpliera el destino de Troya: sería conquistada si los dioses recibían la ayuda de un mortal en la construcción de las murallas.

[24] Cf. Ovidio, Met. XI 211-215; Higino, Fáb. 89; Diodoro IV 42, 1-6.

[25] Cf. Ilíada V 265-267. Según el Himno homérico a Afrodita (V) 210-212, Zeus entregó las yeguas a Tros, padre de Laomedonte.

[26] Cf. 11 6. 4. El escolio de Tzetzes a Licofrón 34, y el de Il. XX 146 basado en Helánico, cuentan que Heracles se arrojó armado en las fau­ces del cetáceo y, después de permanecer tres días en su vientre cau­sando destrozos, salió completamente calvo.

[27] Cf. Hesíodo, Teog. 287-294 y 980-983; Pausanias, III 18, 13 y IV 36, 3; Diodoro IV 17-18; Esquilo Agam. 870; Eurípides, Heracles 423; Virgilio, En. VI 289; Higino, Fáb. 30 y 151. Gadir es Cádiz; cf. Estra­bón III 2, 11 y 5, 4.

[28] Hesíodo, Teog. 312, dice que el perro Orto tenía cincuenta cabezas.

[29] Diodoro IV 18, 5 y Plinio, Nat. Hist. III 4, le atribuyen la formación del estrecho de Gibraltar. Las columnas se considera que son o las rocas de Calpe (Gibraltar) y Abila (Ceuta), o dos pilares de bronce conservados en el templo de Heracles en Cádiz.

[30] Paniasis, en su obra Heracles, refiere que la copa en que Heracles atravesó el Océano era la del Sol, pero que la recibió de Océano; embarcado en ella navegó hasta Eritía. Cf. Ateneo 469d; Macrobio, Saturnales V 21, 16 y 19.

[31] Ciudad del sur de España; cf. Estrabón, III 4, 3.

[32] En Liguria Heracles también fue atacado por gran número de indíge­nas con los que sostuvo tan encarnizado combate que se le terminaron las flechas. Como no encontró piedras a mano, hizo una súplica a Zeus, quien hizo caer del cielo una lluvia de piedras, y con ellas Heracles puso en fuga a sus enemigos. Cf. Estrabón, IV 1, 7; Higino, Astr. II 6.

[33] Apolodoro omite el célebre episodio de Caco que tuvo lugar en el monte Aventino, en Roma. Caco, un ser monstruoso que respiraba hu­mo y llamas, robó las vacas a Heracles haciendo que caminaran hacia atrás para confundir las huellas, y las ocultó en una cueva. Cuando He­racles descubrió el hurto, atacó a Caco con los peñascos que formaban la cueva y recuperó el ganado. Cf. Propercio, IV 9, 1-20; Virgilio, En. VIII 190-267; Ovidio Fastos I 543-578; Diodoro, IV 21.

[34] Otra alusión al hurto del toro de Gerión se encuentra en el Inferno de la Divina Commedia, canto XXV, 31-33, donde el mismo hecho viene atri­buido a Caco, un centauro monstruoso muerto a mazazos por Hércules:

onde cessar le sue opere biece       con lo que terminaron sus malas obras

sotto la mazza d’Ercule, che forse bajo la maza de Hércules, que tal vez

gliene diè cento, e non sentì le diece.          le dio cien, y no sintió siquiera diez.

[35] Cf. Pausanias, III 16, 4-5, Diodoro, IV 23, 2-3; Virgilio, En. V 410-414; Higino Fáb. 260. En Diodoro y Pausanias la lucha se produjo por todas las vacas, y las condiciones fueron que si ganaba Érix se quedaría con ellas, mientras que si ganaba Heracles, obtendría el reino de Erix. Añade Diodoro que Erix no estaba conforme con los términos del pacto, pero que Heracles lo convenció diciéndole que si él perdía las vacas, también perdería la inmortalidad. Érix fue vencido en la lucha y luego desterrado.

[36] Para el episodio de las manzanas de las Hespérides, cf. Apolonio de Rodas, IV 1396 ss.; Diodoro, IV 26; Eurípides, Heracles 394 ss.; Eratóstenes, Catast. 3; Ovidio Met. IV 637 ss. y IX 190; Higino, Astr. II 3; id. Fáb. 30. En cuanto al número de las Hespérides hay discre­pancia: Hesperia y Aretusa pueden ser una sola, llamada también Hestia Eretusa o Hesperitusa en los códices.

[37] Cf. Higino Fáb. 31. Como indica Frazer (I, pág. 221), este Cicno es distinto del otro Cicno, hijo igualmente de Ares, pero de diferente madre, a quien da muerte Heracles más tarde (II 7, 7).

[38] Hijas de la Noche según Hesíodo, Teog. 215-6; de Atlante y de una hija de Héspero (hermano de Atlante), en Diodoro, IV 27.

[39] Cf. Píndaro Ist. IV 87-97; Pausanias IX II, 6; Diodoro, IV 17, 4; Higino Fáb. 31.

[40] C. Diodoro, IV 18, 1; IV 27, 2-3; Ovidio, Met. IX 182-3; id. Arte de amar I 647-653; Higino, Fáb. 31 y 56. Isócrates, Busiris 15, niega que Heracles y Busiris fueran contemporáneos.

[41] Cf. Diodoro, IV 27, 3.

[42] Cf. Diodoro, IV 15, 2; Higino Fáb. 35, 54, y 144, id. Astr. II 15. Higino en un pasaje hace durar treinta años el castigo de Prometeo, y en otro treinta mil.

[43] Cf. II 5, 4. El olivo es como una cadena simbólica a que Heracles se somete por haber liberado a Prometeo. Este, a su vez, llevó en su dedo un anillo hecho de hierro con el que estuvo aprisionado, para no inva­lidar la promesa de Zeus de no soltarlo nunca.

[44] Eurípides, Heracles 394-399.

[45] En Ilíada VIII 366-369 se dice que Atenea ayudó a Heracles a sacar el Cerbero del Hades; en Odisea XI 623-626, que fue Hades. Cerbero, en otras fuentes, posee cincuenta o cien cabezas, o sólo tres.

[46] Cf. Diodoro, IV 25, 1.

[47] Cf. Baquílides, V 56-175.

[48] Cf. Epítome I, 23-24; Odisea XI 631; Apolonio de Rodas, I 101 ss.; Diodoro, IV 26, 1; IV 63, 4-5; Eurípides, Heracles 619; Pausanias, I 17, 4; IX 31, 5; X 29, 9; Higino Fáb. 79. Según Higino, Heracles rescató a Teseo y Pirítoo, pero según Diodoro a ninguno.

[49] Cf. I 5, 3.

[50] De esta lucha se habla en el Inferno de la Divina Commedia, canto IX, 98-100, citando Cerbero como ejemplo de quien se opone inútil­mente y a su costa a la voluntad divina:

Che giova ne le fata dar di cozzo?               ¿De qué os sirve luchar contra el destino?

Cerbero vostro, se ben vi ricorda,                 Vuestro Cerbero, si recordais bien,

ne porta ancor pelato il mento                     tiene todavía pelados la barbilla

e ’l gozzo.                                                            y el cuello.

[51] Pausanias, en II 31, 2, coincide con Apolodoro en que la subida del Hades fue por Trezén, pero en II 35, 10 dice que fue por Hermione, y en IX 34, 5, que por el monte Lafistio, en Beocia.

[52] Cf. Ovidio, Met. V 538 ss.

 

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