Iniciación y «pasividad»

Download_pdfRené Guénon

Hemos dicho más arriba que todo lo que depende del conocimiento iniciático no podría de ninguna manera ser objeto de discusión alguna, y que por lo demás en general la discusión es, si se puede decir así, un procedimiento profano por excelencia; algunos han pretendido sacar de este hecho la consecuencia de que la enseñanza iniciática debía ser recibida “pasivamente”, e incluso han querido hacer de ello un argu­mento dirigido contra la propia iniciación. En esto también hay un equívoco que importa disipar muy especialmente: la enseñanza iniciá­tica, para ser realmente provechosa, requiere por naturaleza una actitud mental “receptiva”, pero “receptividad” no es en modo alguno sinóni­mo de “pasividad”; y esta enseñanza exige por el contrario, por parte del que la recibe, un esfuerzo constante de asimilación, que es algo esencialmente activo, e incluso en el grado más alto que se pueda concebir. En realidad, es más bien a la enseñanza profana a la que se podría dirigir, con algo de razón, el reproche de pasividad, puesto que no se propone otro objetivo que suministrar datos que deben ser “aprendidos”, más que comprendidos, es decir, que el alumno simple­mente debe registrar y almacenar en su memoria, sin que esos datos sean objeto de ninguna asimilación real; por el carácter completamente exterior de esta enseñanza y de sus resultados, la actividad personal e interior se encuentra evidentemente reducida al mínimo, cuando no es enteramente inexistente.

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