Epístolas Familiares

Download_pdfFrancesco Petrarca

Libro IV, Epístola 1

A Dionisio da Burgo San Sepolcro, de la orden de San Agustín y profesor de sagradas escrituras. Acerca de ciertas preocupaciones propias

 

Impulsado únicamente por el deseo de contemplar un lugar célebre por su altitud, hoy he escalado el monte más alto de esta región, que no sin motivo llaman Ventoso[1]. Hace muchos años que estaba en mi ánimo emprender esta ascensión; de hecho, por ese destino que gobierna la vida de los hombres, he vivido –como ya sabes– en este lugar desde mi infancia y ese monte, visible desde cualquier sitio, ha estado casi siempre ante mis ojos. El impulso de hacer finalmente lo que cada día me proponía se apoderó de mí, sobre todo después de releer, hace unos días, la historia romana de Tito Livio[2], cuando por casualidad di con aquel pasaje en el que Filipo, rey de Macedonia –aquel que hizo la guerra contra Roma–, asciende el Hemo, una montaña de Tesalia desde cuya cima pensaba que podrían verse, según era fama, dos mares, el Adriático y el Euxino[3]. No tengo certeza si ello es cierto o falso, ya que el monte está lejos de nuestra ciudad y la discordancia entre los autores hace poner en duda el dato. Por citar solo a algunos, el cosmógrafo Pomponio Mela refiere el hecho tal cual, dándolo por cierto[4]; Tito Livio opina que es falso[5]; en cuanto a mí, si pudiera tener experiencia directa de aquel monte con tanta facilidad como la he tenido de este, despejaría rápidamente la duda. Pero dejando de lado aquel monte, volveré al nuestro.

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