Séneca

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Con el adjetivo ilustre entendemos algo que brilla ilu­minando y que es a su vez iluminado. Así, llamamos ilustres a los hombres o porque, iluminados con el poder, iluminan a los demás con la justicia y la caridad, o por­que, enseñados por maestros excelentes, son ellos, a su vez, excelentes maestros, como, por ejemplo, Séneca y Numa Pompilio. Y el vulgar del que tratamos es, por una parte, ilustre por su magisterio y poder, y, por otra parte, honra y glorifica a sus seguidores.

Dante Alighieri, Sobre la lengua vulgar

[De vulgari eloquentia], Libro I, cap. XVII, vers. II[1]

Lucio Anneo Séneca (Córdoba, 4 a. C. – Roma, 65) reci­bió una educación romana de buen nivel; después de haber estudiado retórica y letras frecuentó la escuela iniciática de los Sestii, fundada por Quinto Sestio, teniendo como maestros a Soción de Alejandría, Atalo y Papiro Fabiano: la escuela transmitía conocimientos neopitagóricos, estoi­cos y cínicos, y muchos indicios hacen presumir que se trataba de una organización iniciática de matriz pitagórica. La larga estancia en Egipto más tarde permitió a Séneca, con toda probabilidad, profundizar en la ciencia egipcia. En la doctrina de Séneca parece encontrarse una síntesis de los conocimientos greco-romanos precedentes, sabiamente adaptada a la situación histórica y geográfica contingente. Sabio apreciado, Giulia Agrippina Augusta lo escogió como preceptor de su hijo, el emperador Nerón. Bajo su tutela se dio el llamado “quinquenio de buen gobierno”, aunque más tarde Nerón llegó a obligar a Séneca al suici­dio, teniéndolo por implicado en una conjura contra él.

Entre las numerosas obras de Séneca recordamos: los trata­dos ético-políticos De beneficiis y De clementia, en relación con su labor de consejero de Nerón; las Quaestiones Natura­les, en las que el estudio de los fenómenos naturales es instru­mento para ascender a la dimensión divina; las Epístolas Morales, también conocidas como Cartas a Lucilio, en las que a ejemplo de Epicuro, Séneca instituye una relación de formación y de educación espiritual con su alumno.

Presentamos a continuación algunos extractos de esta última obra donde, con un lenguaje simple y familiar, el autor expone conceptos muy profundos, que pueden ser un válido soporte para la reflexión de todos aquellos que intentan combatir los vicios y buscar la virtud.

 

Epístola XXXIV. Lucilio, en vías de perfección, debe perseverar.

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