Epístola a Cangrande *

Dante Alighieri

Presentamos ahora la epístola escrita por Dante Alighieri a Cangrande della Scala, en la que el Sumo Poeta se le declara “amigo” – ciertamente en sentido superior y espiritual – y para fortificar y conservar tal unión le hace don del tercer canto de la Commedia, del que da una exhaustiva explicación. Además, ya que para comprender una parte es necesario conocer del todo, ofrece también claras y numerosas claves interpretativas de la obra en su conjunto. Esta viene definida por el Poeta como “polisensa”, es decir, rica en múltiples significados, como la Biblia, que se toma aquí como ejemplo, presentando una verdad manifiesta y otras más o menos veladas y elevadas (igual que todos los textos tradicionales, añadimos nosotros, sobre todo aquellos escritos en una lengua sagrada). Incluso se precisar el objetivo de la Commedia: “sacar a los vivos en esta vida del estado de miseria y conducirles al estado de felicidad”. La ciencia allí expuesta es por tanto útil y concreta y sólo accidentalmente asume forma especulativa, de ahí la clara indicación acerca de la correcta actitud para quien quiera obtener beneficios de su lectura: que el oyente se haga “benévolo, atento y dócil”. Entendemos que este valioso consejo bien puede extenderse a los lectores de todos los textos tradicionales.

Epístola XIII

Para el magnífico y victorioso señor Can Grande de la Scala, vicario general del sacratísimo y cesáreo principado en la ciudad de Verona y en la comunidad de Vicencia, su obligadísimo Dante Alighieri, florentino de nacimiento, pero no en las costumbres, suplica por muchos años vida feliz y continuo aumento de su glorioso nombre.

[1] La ínclita gloria de vuestra magnificencia, que una despierta fama va difundiendo con su vuelo, de tal manera provoca reacciones diversas, que unos se ven alentados con la esperanza de su bienestar y otros, en cambio, se sienten aterrorizados con el temor del exterminio. Alguna vez he considerado el rumor de esta fama, que supera a todos los acontecimientos de nuestros días, como algo excesivo por desorbitar de su verdadero sitio la realidad. Pero para que la excesiva y prolongada incertidumbre no me tuviera siempre en suspenso, imitando el ejemplo de la reina de Oriente, que subió hasta Jerusalén, y el de Palas, que alcanzó el monte Helicón, me dirigí a Verona para comprobar con mis propios ojos lo que había oído, y allí vi vuestras grandes realizaciones y toqué al mismo tiempo con mis manos vuestros beneficios; y así como al principio sospechaba en parte un exceso en la fama por lo que me decían, así después comprendí que el exceso residía en los mismos hechos. Esto es lo que explica que, si yo antes me sentía predispuesto en vuestro favor con un cierto sometimiento de mi espíritu, después, con la visión personal, me he convertido en obligadísimo amigo vuestro.

(Continúa)

* Cf. Dante Alighieri, Obras completas, a cargo de Nicolás González Ruíz, B. A. C., Madrid, 1994, Epístola, XIII.

 

 

 

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