«El-Faqru»

Download_pdfRené Guénon

El ser contingente puede ser definido como aquel que no tiene en sí mismo su razón suficiente; un ser tal, por consiguiente, no es nada por él mismo, y nada de lo que es le pertenece en propiedad. Tal es el caso del ser humano, en tanto que individuo, así como el de todos los seres manifestados, en cualquier estado que sea, ya que, sea cual sea la diferencia entre los grados de la Existencia universal, es siempre nula con respecto al Principio. Estos seres, humanos u otros, están pues, en todo lo que son, en una dependencia completa frente al Principio, “fuera del cual no hay nada, absolutamente nada que exista”[1]; es en la consciencia de esta dependencia que consiste propiamente lo que varias tradiciones designan como la “pobreza espiritual”. Al mismo tiempo, para el ser que ha llegado a esta consciencia, ésta tiene como consecuencia inmediata el desapego con respecto a todas las cosas manifestadas, ya que sabe desde ese momento que estas cosas tampoco son nada, que su importancia es rigurosamente nula en relación a la Realidad absoluta. Este desapego, en el caso del ser humano, implica esencialmente y ante todo la indiferencia con respecto a los frutos de la acción, tal como lo enseña especialmente la Bhagavad-Gîtâ, indi­ferencia por la cual el ser escapa al encadenamiento indefinido de las consecuencias de esta acción: es la “acción sin deseo” (nishkâma Karma), mientras que la “acción con deseo” (sakâma Karma) es la acción cumplida en vista a sus frutos.

0

Tu carrito