massoneria, René Guénon, Tradizione, Simbolismo, Coomaraswamy, Spiritualità

Editorial nº 43

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En continuidad con el tema del compromiso iniciático tratado en el anterior número de la revista abordamos aquí la cuestión, estrecha­mente vinculada, de la actividad interior.

En el artículo Algunas cuestiones fundamentales nuestro colaborador Albano Martín de la Scala aborda los temas del pacto y de la actividad iniciática y termina subrayando la importancia de una primera clarifi­cación mental a través de un proceso de discriminación. En  Algunas observaciones a propósito de la obra de René Guénon, J. C. pone el acento sobre la función cósmica desempeñada por este autor y aborda entre otros temas el del trabajo iniciático.

En los artículos Iniciación y “pasividad” y Contra el “quietismo”, R. Guénon subraya cómo el trabajo iniciático es esencialmente activo y cómo la “receptividad”, siendo un constante esfuerzo de asimilación de la enseñanza iniciática, representa de ella el más alto grado que se pueda concebir.

Algunos pasajes de la Summa pitagórica de Jámblico revelan cómo también en esta escuela sapiencial el camino hacia lo Inteligible pasa a través de un largo y fatigoso trabajo de purificación apto para extirpar las pasiones mundanas. Las asperezas de la vía que lleva al conoci­miento y la tendencia individual a elegir los recorridos en apariencia más fáciles, con el resultado de permanecer empantanado en los ape­gos mundanos, son admirablemente descritos por Petrarca en la epísto­la sobre el ascenso al Monte Ventoso, que termina con una exhorta­ción de San Agustín a no dispersarse hacia el exterior sino a concen­trarse en aquello que es interior. Parece obligada pues la referencia a su tratado sobre la predestinación de las virtudes, El don de la Per­severancia: las virtudes son dones cuya verdadera raíz reside en Dios, ya que el hombre en realidad no tiene poder sobre su propio corazón, ni sobre su propio pensamiento, lo que debería impulsar a aquellos que recorren una vía espiritual a invocar de corazón y no ciertamente a la pasividad.

Todo ser contingente no puede tener en sí mismo su propia razón suficiente, ergo no es nada por sí mismo y nada le pertenece en propiedad: en el artículo “El-Faqru”, R. Guénon observa cómo el to­mar consciencia de esta realidad profunda corresponde a la “pobreza espiritual” e implica la indiferencia por los frutos de la acción. Tal toma de consciencia corresponde al “Yo no soy” del que habla J. Tauler en el Sermón 83: es el abandono total e ilimitado en Dios lo que lleva a la verdadera aceptación de todo lo que Él envía y a la renuncia de la voluntad individual.

El tratado De la Esencia eterna antes y después de la revelación teofánica de A. Ibn ‘Ajiba explica cómo el Principio espiritual, ilimi­tado, sin inicio ni fin, se vela y al mismo tiempo se revela manifestán­dose en lo creado y reafirma la total dependencia de los seres contin­gentes, según una perspectiva principial.

La revista concluye con una fábula de origen nórdico, La princesa sobre la Montaña de cristal, en la cual pueden entreverse temas tales como la predestinación, la aceptación de la propia condición, la “máscara popular” y la aspiración.

 

 

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