Conocimiento iniciático y “cultura” profana*

René Guénon

Ya hemos observado anteriormente que es necesario abstenerse de toda confusión entre el conocimiento doctrinal de orden iniciático, incluso cuando sea sólo teórico y simplemente preparatorio para la “realización”, y todo lo que es instrucción puramente exterior o saber profano, que en realidad no tiene ninguna relación con este conocimiento. No obstante, debemos insistir aún más especialmente sobre este punto, ya que hemos tenido que constatar su necesidad con demasiada frecuencia: es necesario acabar con el prejuicio muy extendido que quiere que lo que se ha convenido en llamar la “cultura”, en sentido profano y “mundano”, tenga un valor cual­quiera, aunque no sea más que a título de preparación, frente al conocimiento iniciático, cuando aquélla no tiene y no puede tener verdaderamente ningún punto de contacto con éste.

En principio, se trata pues, pura y simplemente, de una ausencia de relación: la instrucción profana, en cualquier grado que se la considere, no puede servir de nada para el conocimiento iniciático, y (haciendo todas las reservas sobre la degeneración intelectual que implica la adopción del punto de vista profano) tampoco es incom­patible con él[1]; a este respecto, se muestra únicamente como algo indiferente, igual que la habilidad manual adquirida en el ejercicio de un oficio mecánico, o incluso la “cultura física” que está tan de moda en nuestros días. En el fondo, todo esto es exactamente del mismo orden para quien se coloca en el punto de vista que nos ocupa; pero el peligro está en dejarse atrapar por la apariencia engañosa de una pretendida “intelectualidad” que no tiene absolutamente nada que ver con la intelectualidad pura y verdadera, y el constante abuso que pre­cisamente se hace de la palabra “intelectual”, por parte de nuestros contemporáneos, basta para probar que este peligro es muy real. De ello resulta frecuentemente, entre otros inconvenientes, una tendencia a que­rer unir o más bien mezclar entre sí cosas que son de un orden to­talmente diferente; sin volver a hablar a este respecto de la intrusión de un tipo de “especulación” completamente profana en algunas organizaciones iniciáticas occidentales, sólo recordaremos la vani­dad, que hemos tenido que señalar en muchas ocasiones, de todas las tentativas realizadas para establecer un vínculo o una compa­ración cualquiera entre la ciencia moderna y el conocimiento tradi­cional[2]. En este sentido, algunos llegan incluso a pretender en­contrar en la primera “confirmaciones” de la segunda, como si ésta, que reposa sobre principios inmutables, pudiera obtener el mínimo beneficio de una conformidad accidental y completamente exterior con algunos de los resultados hipotéticos y sin cesar cambiantes de esta investigación incierta y titubeante que los modernos se compla­cen en adornar con el nombre de ¡“ciencia”!

(Continúa)

* R. Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación, Pardes, 2012, cap. XXXIII: Conocimiento iniciático y cultura profana.

[1] Es evidente que, especialmente, aquel que recibe desde su infancia la instrucción profana y “obligatoria” en las escuelas no se le puede hacer responsable de ello, ni considerarlo por eso como “descualificado” para la iniciación; la cuestión es saber qué “huella” guardará de ella más tarde, ya que es esto lo que depende realmente de sus propias posibilidades.

[2] Cf. especialmente Le Règne de la Quantité et les Signes des Temps, cap. XVIII y XXXII.

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